La vida es una lucha, en el mejor de los casos silenciosa, por la supervivencia.
En una situación normal, de paz civil, en la que no tenemos que enfrentarnos conscientemente a enemigos humanos y al sufrimiento aparejado, o a situaciones de estrés o traumáticas, nuestro cuerpo, en silencio y sin que tengamos una consciencia plena de ello, está librando batallas de manera continua, todos los días, contra todo tipo de sustancias y organismos invasores y/o dañinos, o supliendo o compensando la carencia o insuficiencia de elementos beneficiosos.
Nuestra cartilla de vacunaciones, la de cualquier niño, es la historia de todas las batallas que, en el mundo civilizado, ha librado y ganado la humanidad contra las enfermedades causadas por infecciones víricas y/o bacteriológicas: las vacunas contra varicela, poliomielitis, sarampión, etc. Estamos tan familiarizados con expresiones como triple vírica, polio, etc., que parece que es algo inofensivo, pero necesario, o, por lo menos, conveniente. Asumimos que nuestros hijos, desde su más tierna infancia, tienen que pasar por ello, con la excepción de algunos progenitores que, ellos sabrán por qué, consideran que es algo fútil, innecesario, un invento o moda superfluo, y privan a su/s hijo/s de los beneficios de la vacunación. Están asumiendo una responsabilidad grave al dejar a sus hijos sin cobertura frente a organismos microscópicos que, afortunadamente, ya casi no circulan ni están presentes en nuestro mundo occidental, precisamente porque han sido erradicados por la vacunación sistemática de los nuevos nacidos. Pero esos padres negativistas pueden contribuir, con su actitud, a que vuelvan a introducirse en nuestras sociedades dichas enfermedades a través de los niños no vacunados.
Pues bien, el Covid-19 es un virus mortífero, como lo fueron en el pasado algunos microorganismos causantes de las enfermedades citadas y que fueron controladas y sus agentes neutralizados gracias a las vacunas. Es una parte de la historia de la humanidad y una expresión de su progreso vital como especie, que esos padres irresponsables niegan por ignorancia.
Unos años antes de la aparición de este virus Covid-19, también surgió en China el virus llamado SARS-CoV causante del SARS (Síndrome Agudo Respiratorio Severo), en 2002, que se expandió en 2003 por otros países del sureste asiático. Y más recientemente, se informó de un nuevo virus denominado MERS-CoV, que apareció en Arabia Saudí en 2012, y otros países de Oriente Medio. Para 2013 ya se contabilizaban casos en 8 países. Aunque su mortalidad era alta, su capacidad de contagio no lo era.
Al Covid-19 ya empezamos a conocerlo, sabemos donde encontrar a este enemigo silencioso, cómo evitar que se introduzca en nuestro cuerpo con medidas de protección, pero no podemos aún evitar que mate a las personas más vulnerables. Nos falta la vacuna, sí, ese invento repudiado por algunos padres nefastos. Pero nuestros investigadores están prosiguiendo los estudios a fin de encontrarla. Es una labor que no puede desfallecer.
Y la encontrarán, y le ganaremos la batalla final a este bicho.
El siguiente artículo nos presenta una entrevista reciente a Pedro Duque, ministro de Ciencia e Innovación, que considero interesante. Para acceder a él clica
aquí.
¡Mis mejores deseos a todos!