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domingo, 26 de abril de 2020

La renta mínima vital ha nacido.

Ahora la cuestión no es si es bienvenida para todos. Indudablemente hay diversidad de opiniones sobre ello, que no voy a analizar con detalle, pues no es el propósito de mi escrito.
En circunstancias normales (el momento actual es cualquier cosa menos normal), yo soy de los que pensaban que no era necesario crear esa figura de subsidio, pues ya existe un abanico de alternativas lo suficientemente amplio como para cubrir todas las necesidades de apoyo a colectivos no ocupados, y, porque, en definitiva, creo que la misión del Estado es fomentar la ocupación de todos los individuos a fin de que sean útiles a sus conciudadanos y a la sociedad en general.
Sin embargo, en la coyuntura actual y a la vista de la tremenda gravedad de la misma, con una    necesaria  paralización económica, que ya ha provocado que muchos españoles pierdan su puesto de trabajo y, lo que es aún más grave, que ocasionará una destrucción de tejido empresarial de proporciones aún no estimadas, estoy convencido de la necesidad urgente de su implantación, porque la desaparición de empresas hará duradera la destrucción de empleo, y a muchos parados posiblemente se les acabará su derecho de cobro de la prestación de desempleo antes de que puedan encontrar uno nuevo. Ahí tiene la renta mínima vital su función principal.
A grandes males, grandes remedios.
La crisis sanitaria y social del Covid-19 exige una respuesta del conjunto de la sociedad en forma de asegurar un ingreso mínimo vital a los damnificados por ella.
Sin embargo, en el artículo que ayer, sábado, 25 de abril de 2020, publicó el periódico El País, su autor, Jesús Cruz Villalón, hace hincapié en dos aspectos fundamentales que tienen que acompañar el diseño del ingreso mínimo vital. Tiene que ser tal que no desincentive la búsqueda de empleo por parte de su beneficiario, y que, a la vez, no fomente la economía sumergida, que son los dos máximos peligros que conlleva esta forma de subsidio, que pueden hacer caer a sus beneficiarios en el círculo vicioso de no salir nunca de esta forma de vida, subvencionados de por vida y acudiendo al trabajo no declarado.
Aquí se puede acceder al artículo completo.
¡Mucha salud a todos!

sábado, 13 de mayo de 2017

¿Trabajo legal, ético, digno y honesto? ¿Dónde está? ¡Lo quiero!

A la vista de lo que se ve y se lee, un trabajo con el que ganarse la vida de forma legal es un tesoro. Si, además, es ético, ya es maravilloso, pero, si además de legal y ético, uno no sufre en su dignidad al hacerlo, y puede ser honesto en su desempeño, ya es el no va más.

No todo el mundo tiene la suerte de poder contar con un trabajo que reúna esos cuatro requisitos. Y algo hay que llevarse a la boca, y vestir, y dormir y descansar en una casa cómoda, y permitirse y dar a los suyos alguna distracción. Y no es fácil, a veces resulta muy duro, y uno se deja por el camino su dignidad, o parte de ella, y tiene que cerrar los ojos y taparse la nariz, a veces incluso acallar su conciencia mientras la tenga y no esté anestesiada del todo, y todo por ganarse la vida.

Recuerdo la expresión: "Hay trabajos que te dan de comer pero no te dejan dormir, y otros que te dejan dormir pero no te dan de comer."

Afortunadamente, también hay trabajos que uno hace con vocación para ello, y disfruta, se siente realizado como persona y duerme plácidamente, y, además, le aportan ingresos suficientes o incluso generosos, que le permiten vivir con suficiente o sobrada comodidad. ¡Feliz de aquel que se halla en esa situación! Y, desgraciadamente, también hay trabajos que no te aportan el suficiente ingreso para vivir con holgura y, además, no te gustan, te generan tensión, te dan mala conciencia, y, como consecuencia de ello, no te permiten descansar en las horas de sueño.

Lo lógico es aspirar a la mejor de las opciones: trabajar en lo que te gusta y te hace feliz y ganarte bien la vida y disfrutar de trabajo y ocio. Pero, a veces no se puede tener todo en la vida, y uno ha de elegir entre aquello que le gusta hacer pero con lo que no consigue ingresos con los que mantenerse (situación que tiene caducidad), u otro trabajo, que no es el soñado por él, pero para el que está capacitado y con el que pueda vivir. Mientras la realización de dicho trabajo no te genere mala conciencia o tensión, tal vez puedas compensar tu insatisfacción personal dedicando tu tiempo libre a actividades deportivas, artísticas, culturales, si es que dispones de ese tiempo libre.
Es un consuelo, en esos casos, no estar en la última de las situaciones comentadas más arriba, en la que, además de no poder vivir de lo que ganas trabajando, encima, te resulta desagradable, insoportable o cosas peores el hacerlo. Ahí que hay que actuar rápido.