domingo, 23 de abril de 2017

Los miedos interiores de cada día

Vencer los miedos interiores, cuando aparecen algún día al despertarnos, es una de las primeras tareas que tenemos que hacer, si no queremos que el día esté perdido de antemano.

miércoles, 12 de abril de 2017

Pareja versus amig@.

Indiscutiblemente, en el principio fue el sexo.
Pero no, no voy a hablar de religión ni de metafísica. Voy a hablar de la vida y de las relaciones que uno va formando a lo largo de ella.
Como uno suele elegir pareja en una edad temprana, el sexo, en el sentido de fuerza atractiva, suele tomar una parte importante en la elección, pero no solo él.
Aprovecho para decir que considero que una pareja a la que te une, además de la atracción sexual, muchos intereses, emociones y afectos comunes, es muy importante para tu vida íntima. Es el primer círculo de tu vida, la primera capa de cebolla, forma parte del núcleo de tu existencia, está presente en todos los momentos importantes de tu vida, en tus éxitos, alegrías, fracasos y penas. Hay un pegamento muy fuerte que os mantiene unidos. Sentís juntos, disfrutáis juntos, sufrís juntos.
En la segunda capa, pero muy cerca de la primera, están los padres, hermanos, que en su día fueron la primera capa, y que nunca pierden la vocación de seguir siéndolo, y también encuentras, o puedes encontrar, en esa segunda capa amigos íntimos. Pero los unos y los otros no te acompañarán a todo momento, y tu pareja sí estará ahí, o lamentaría no estar ahí si llegara un momento en que la necesitaras, y por circunstancias de la vida no estuviera. Y esa es la diferencia.
Con la pareja creas hogar, construyes el domino privado en el que eres soberano y en el que te encuentras a gusto y no estás en soledad. No estás solo. Tu pareja te evita el sentimiento de soledad.
Los amigos te producirán alegrías con su compañía y presencia, tus padres y herman@s te transmitirán afecto. Tu pareja te aportará seguridad y el sentimiento de tener alguien con quien contar incondicionalmente. Como dijo aquel, "en la alegría y en la pena, en la salud y en la enfermedad...". Ésa es la verdadera pareja. Si te acompaña en las alegrías, pero te deja tirado/a en las dificultades, aún no ha llegado a la primera capa de tu vida. Puede que llegue más adelante, o puede que no llegue nunca. A tu pareja le importas tanto como su propia vida. Así debe ser, si quiere alcanzar el núcleo de tu existencia.
¡Besos y afecto!

El error, ese mal necesario.

Solemos usar la expresión "ensayo, error", para referirnos a cuando adquirimos un nuevo conocimiento o certeza a través de la experimentación. Si funciona, es que hemos acertado, y si falla, hay que probar otra cosa, camino o procedimiento.
El error es, pues, un camino necesario para adquirir conocimiento. "De los errores también se aprende", dice otro. No hay nada más cierto.
Cuando se es padre/madre y se aconseja a un hijo/a, es porque ya se ha pasado por el mismo o parecido sitio o avatar por el que se dispone a pasar su hijo/a, y su mayor deseo es evitarle decepciones o traumas.
Sin embargo, puede llegar a ser abrumador/a un padre o madre que esté siempre guiando a un hijo cual lazarillo a un ciego.
Hay errores y errores, es decir, unos te pueden costar un disgustillo, otros te pueden costar la vida. Quizá los padres/madres deberíamos sopesar cual de ellos va a afrontar nuestro vástago, y, en base a su trascendencia, advertir o no sobre él, para no quitarle al protagonista el deleite del descubrimiento y el inigualable sabor de la aventura.

miércoles, 5 de abril de 2017

La vida, una apuesta continua.

Vivir es apostar.
Tienes ilusiones, deseos, objetivos. ¿Pones empeño, esfuerzo, por conseguir que tus sueños se hagan realidad? ¿O, simplemente, esperas pasivamente que las cosas que quieres conseguir lleguen a tí sin más?
Desde luego, el futuro es incierto y no hay garantías de que, por más fuerte que pujes, por más empeño que pongas, vayas a alcanzar tus metas con total seguridad. No hay cien por cien de éxito garantizado, nunca lo hay. Hay que estar preparado para la decepción, pero no para la rendición. Hay que tener ánimo y voluntad permanente de seguir adelante. Lo que cuenta es tu actitud y no lo que pase, porque lo que suceda no siempre va a depender de tí, pero, desde luego, no tienes ninguna posibilidad de conseguirlo si falta tu empeño para ello.
Las cosas que más apreciarás en tu vida serán las que más esfuerzo te ha costado el alcanzarlas. No lo olvides.
Una buena posición social o económica, una familia armoniosa, una pareja amable, los hijos, todo eso hay que trabajarlo, y a veces exige sacrificios. No todo el mundo puede conseguir esas cosas.
Las que consigas sin apenas esfuerzo, pese a que puedan ser valiosas, puede que no tengas conciencia de que lo son.
Tienes que "apostar" fuerte, con decisión y entrega, y hacerlo sin esperar el éxito seguro, para evitar derrumbarte si no lo consigues, porque la vida también se construye con decepciones, superándolas, y cualquier triunfo sabe mejor si se conoce el sabor de la derrota.
¡Ánimo y fuerza!

viernes, 16 de diciembre de 2016

Una tragedia infinita

Cuando abres un grifo en tu casa, sale agua, si pulsas al interruptor de la luz de tu cuarto, se enciende la lámpara, si accionas el regulador de tu bombona de gas, puedes encender el fuego de tu cocina y prepararte un café o calentar la leche. Sales a la calle, y ves que la panadería de la esquina está abierta, con sus estantes repletos de pan, bollería y pasteles, más allá está el verdulero, también esperándote con sus frutas y verduras, una calle más arriba tienes el supermercado con sus estanterías a rebosar de productos. Y tú me dirás: "¿Y por qué me cuentas todo eso? Si eso es lo normal, lo cotidiano." Y, sin embargo, estamos en un país golpeado por la crisis económica en el que muchas personas y familias pasan penurias y están en situación de pobreza, en el que se organizan cada dos por tres colectas de comida para el Banco de alimentos, donde se proveen muchas organizaciones de ayuda a los más necesitados. Verdad que todo eso te suena, y que esta última parte te duele, aunque sea un poco.
Ayer, sin embargo, viendo en el televisor imágenes de Alepo y las caravanas infinitas de autobuses llevando a cabo la evacuación de miles y miles de personas. De vez en cuando se podían ver caras estupefactas de niños de corta edad, expresiones de sufrimiento en las de los adultos. Y, como telón de fondo, destrucción sin límites en una ciudad antes centro financiero de Siria, poblada por ciento de miles de personas que, como nosotros ahora, podían ver correr el agua en los grifos de su casa, calentar su comida en la cocina, leer bajo la luz de sus lámparas, salir a comprar la prensa, el pan, unos pasteles para celebrar la vida, las verduras, frutas, carne, pescado, ¡vamos!, ¡lo normal!
Esa normalidad que para ellos, estupefactos, ya no existe desde hace meses, años, que han pasado calamidades, miseria, que han visto morir a familiares por heridas de guerra o por enfermedades favorecidas por la escasez de alimentos, que han visto morir a vecinos o amigos, ante un paisaje de desolación permanente donde la crueldad se impone, y donde se pone a prueba la capacidad de bondad, de empatía, de coraje en un territorio de condiciones infrahumanas.
El gran vencedor, Bachar Al Asad, una vez derrotado sus enemigos, se erige de nuevo en gran dictador, reforzado por la victoria aplastante infligida a sus opositores. ¿Qué hace una persona cuando tiene a su rival o enemigo arrodillado delante de él y sólo le falta rematarlo? ¿Qué sentimiento invadirá el espíritu del derrotado que sabe que está en manos de su verdugo? ¿Pedirá clemencia? ¿Qué exigirá el vencedor a los vencidos? ¿Su esclavitud perpetua, como en las guerras antiguas? Al fin y al cabo, les ha perdonado la vida. La esclavitud no ha sido erradicada, no mientras no desaparezcan las guerras y las derrotas. Una humillación indescriptible la de los vencidos.
¿Adónde van los huidos o evacuados? ¿Con qué se van a encontrar? ¿Cuándo volverán a su "normalidad" anterior a la guerra?
Nosotros, los europeos tuvimos nuestras guerras del siglo veinte, sí, no hace tanto, nuestra guerra civil, más sangrienta que la de Siria, terminó hace ahora ochenta años, Hace menos, setenta y un años, terminó la Segunda Guerra Mundial, que empezó, sí, en nuestra civilizada Europa y se extendió a todo el mundo, ya que unos cuantos líderes mundiales intentaron imitar a nuestro celebérrimo Hitler, de mente preclara, que iba a poner orden en este mundo de mestizos y de bastardos. La pureza de raza era un rasgo esencial de su doctrina. La crueldad por ambos bandos fue indescriptible, la destrucción, la miseria, infinitas. Y, lo peor de todo, es que el hombre, las personas, el género humano no aprende de sus errores anteriores. La Historia, su conocimiento y su divulgación, son necesarios para quitarnos el velo y ver en toda su crudeza las consecuencias de las guerras, y llegar a la conclusión de que las personas estamos "condenadas" a convivir en paz y entendernos, y de que tenemos que crear un marco adecuado de normas para permitir la convivencia en paz, es decir, lo que llamamos enfáticamente el Imperio de la Ley.

domingo, 11 de diciembre de 2016

Mi cuota de felicidad

No podemos aspirar a toda la felicidad.
No sé si la felicidad absoluta existe.
Así que, creo que lo mejor es conformarme con la cuota que en cada momento me corresponde. Si busco en cada momento en mi interior, seguro que tengo una cuota, por pequeña que sea, de felicidad. La guardo como un tesoro. La comparto de manera indivisible con quien quiera aceptarla tal cual es en su integridad, sin trocearla.