Siempre me ha parecido que era ambas cosas. Nunca me ha parecido un pillo. Sí me ha parecido inteligente, incluso me atrevería a decir que maquiavélico, incluso manipulador (¿algún político no lo es?). Para llevar asuntos delicados, como los que le tocó llevar, es necesario ser todo eso, y, sobre todo, pragmático.
Gran negociador, era capaz de pisar en todos los charcos sin salir demasiado embarrado.
¡No me digan que eso no es una virtud!
Para tratar asuntos públicos hay que ser así, y entrar en el terreno de las concesiones sin llegar a desvirtuar el objetivo final en juego en la negociación.
Hemos perdido a un gran hombre público.
De hecho le perdimos gran parte de los españoles cuando colgó su traje de político en activo, y se replegó a su vida privada, pero se benefició el grupo de alumnos y docentes que tuvo el privilegio de gozar de su contacto como profesor de química orgánica, su profesión de base.
Descanse en paz y quede en la memoria de los hombres de bien.
https://elpais.com/elpais/2019/05/20/eps/1558343484_707335.html