El nazismo fue aupado al poder en el seno de una democracia y por medios democráticos (elecciones libres).
No es necesario un alzamiento armado para abolir la democracia, sino que ésta, con todo su acopio de libertades y garantías individuales y para las minorías, alberga en embrión su propia destrucción.
Cuando grupos, bajo una actuación "no violenta", pero con una absoluta determinación, ejercen una presión en una amplia variedad de frentes sociales para conseguir sus objetivos políticos, lo que cabe plantearse es, no si la actuación es pacífica, sino si es legítima y dentro de las leyes establecidas de forma democrática.
No hay que atender al ruido, aunque sea mucho, sino a los argumentos, contrastados con el marco legal que les ha permitido nacer y crecer y expresarse libremente. Si son contrarios a dicho marco legal, no son válidos. Si realmente esas formaciones políticas aceptan las reglas democráticas, y el marco legal no les satisface, deberán tratar de modificarlo dentro de los cauces legales. Si los votos les permiten obtener una mayoría suficiente, tendrán en su mano la oportunidad de cambiar las leyes con las que no están conformes, con lo cual estarán dejando que sea el pueblo quien hable y no sólo sus correligionarios, que, evidentemente, sí están totalmente de acuerdo con sus propósitos.
Véase el artículo siguiente, a propósito de ruido y determinación (las Juventudes Hitlerianas también hicieron patentes ambas "virtudes", y todos sabemos a donde llevaron a Europa).
Cruzada internacional independentista: de la carta al Papa a un acto en los Lores.